El Óscar Quiñones que conocí
El Óscar Quiñones que conocí
Una mirada íntima y testimonial al legado de Óscar Quiñones, cinco veces campeón nacional y Maestro Internacional desde 1963. A través de sus vivencias en el circuito, el autor recorre la huella imborrable de un gigante del tablero que enfrentó con absoluta dignidad a la élite mundial en el Interzonal de Ámsterdam —donde igualó ante David Bronstein y derrotó a Pal Benkö.
Por Julio Molina Castillo, Entrenador de Ajedrez
Óscar Quiñones: Una semblanza en el tablero

La primera vez que vi el nombre de Óscar Quiñones fue en un tabloide donde, casi a página completa, apareció una partida comentada en la que enfrentó una defensa siciliana con un avance masivo, un «torrente de peones», como decía el comentarista.
Ya casi había olvidado su nombre hasta que, un par de años después, la revista Life en español publicó un artículo dedicado al Interzonal de Ámsterdam 1964.
Me sorprendió gratamente que incluyeran la partida en la que empató con Bronstein.
Fue un torneo fuertísimo y el joven Maestro Internacional Óscar Quiñones lo enfrentó con absoluta dignidad: además de la mencionada igualdad ante David Bronstein, logró derrotar a Pal Benkö.
Cuando empecé a arbitrar para la Federación Peruana de Ajedrez (FPA), oía con frecuencia referencias del más diverso género sobre él. Decían que era elegante, aunque algo exagerado en sus maneras; que siempre quería usar sus propias piezas y que tenía arranques de mal genio.
Sin embargo, de uno u otro modo, todos reconocían su valiosa experiencia y su enorme calidad como jugador. Por aquel entonces yo aún no lo conocía en persona, pero paralelamente leía y coleccionaba sus artículos publicados en el diario Expreso.
El encuentro con el maestro

En el año 1984 participé en el arbitraje de tres torneos jugados sucesivamente: el XXXIII Campeonato Nacional, el Torneo Magistral Esteban Canal y el IX Campeonato Panamericano Juvenil. Fue en estos certámenes donde tuve la oportunidad de conocerlo y conversar brevemente con él.
Puedo describirlo fácilmente como si fuera ayer: un hombre sonriente, delicado al opinar y de finas maneras. Tenía una voz muy grata, con una entonación poco común, pero sumamente agradable.
Como toda persona, su conducta podría haber tenido diferentes expresiones en diferentes circunstancias, pero la mayor parte de las veces yo vi lo mejor de él.
Al año siguiente, le pedimos que participara en el II Festival de Ajedrez de San Isidro «Copa Lau Chun». Hoy pocos recuerdan esta magnífica actividad. De jueves a domingo se jugaban cuatro torneos escolares por equipos, dos torneos individuales por sistema suizo, un curso para principiantes, conferencias y simultáneas a cargo de nuestros tres Maestros Internacionales de aquel entonces.
Óscar Quiñones participó como maestro de simultáneas y como conferencista. En esta segunda faceta brilló de un modo especial, demostrando un vigoroso tratamiento técnico unido a un impecable uso del idioma y a un contagioso buen estado de ánimo.
Luces y sombras en la dirigencia
En los años siguientes pudimos conversar en diversas ocasiones debido a labores conjuntas relacionadas con la FPA, institución de la cual llegó a ser vicepresidente. En esta fase de su vida encuentro dos circunstancias que nos afectaron a todos.
Por un lado, la Federación Soviética concedió a la FPA una invitación para un curso de preparación de entrenadores. Óscar Quiñones recibió el ofrecimiento, pero lo rehusó para cederle la oportunidad a un brillante joven que, simplemente, no acudió, perdiéndose así esa gran ocasión.
Con el tiempo reconoció que fue una decisión equivocada. En efecto, él había preparado exitosamente a Juan Reyes y, posteriormente, fue por muchos años entrenador de la selección de la Universidad Católica.
Por otro lado, a fines de los años 90, la FPA carecía de recursos y no organizaba torneos internacionales. El árbitro español Javier Pérez Llera ofreció la posibilidad de que dos de los participantes de sus cursos actuaran en torneos españoles si se pagaban el pasaje.
La necesaria carta de presentación fue firmada por el presidente Teodosio Arias Schreiber, pero la segunda firma nunca se efectuó. El MI Quiñones evitó hablar del motivo de aquella omisión que le impidió al Perú tener otros dos árbitros con título FIDE.
Un legado imborrable

Años después visitamos algunas veces a Óscar Quiñones cuando ya venía trabajando como entrenador de la selección de ajedrez en la PUCP, y estaba muy contento de ello.
A nivel muy personal, debo indicar que por recomendación suya empecé a trabajar en el Colegio El Carmelo, donde su esposa era profesora de arte.
En resumen, conocí a Óscar Quiñones cuando ya era un deportista muy destacado: cinco veces campeón nacional, parte de la selección peruana en tres Olimpiadas, Maestro Internacional desde 1963 y un hombre que había enfrentado dignamente a lo mejor de la élite mundial en el Interzonal de Ámsterdam.
Tuvo una acertada labor como periodista de ajedrez y como entrenador de la Universidad Católica. Su trato era agradable, su fino buen humor era contagioso y como conferencista era de lo mejor. Su labor como directivo de la FPA fue breve y no hay mucho que decir al respecto.
Finalmente, como nota curiosa: en la Wikipedia hay artículos sobre Óscar Quiñones Carrillo en inglés, ruso y árabe. La página en español, increíblemente, sigue estando pendiente.
