Esteban Canal (7): El desafío de Carlsbad 1929
Esteban Canal: Entre la pluma y el tablero hasta Carlsbad 1929
Tras su brillante actuación en Merano 1926, el destino obligó a Esteban Canal a cambiar temporalmente los trebejos por la pluma. Muy probablemente, privado del respaldo económico familiar, el maestro peruano demostró tener habilidades más allá de lo ajedrecístico, convirtiéndose en periodista, escritor y un auténtico trotamundos europeo. En este séptimo capítulo, exploramos esos años que forjaron su carácter y su retorno a la élite mundial en el mítico supertorneo de Carlsbad 1929.
Por José Daniel Dávila
¿Te perdiste el capítulo anterior?
En nuestra sexta entrega, revivimos la extraordinaria actuación de Esteban Canal en el torneo de Merano de 1926. Allí, el maestro peruano demostró estar en su mejor forma, alcanzando un brillante segundo lugar frente a la élite europea y dejando claro que su nombre ya era sinónimo de peligro en el tablero.
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Una carrera de intermitencias: La primera gran pausa

Tras rozar la gloria con su segundo puesto en el torneo de Merano de 1926, la trayectoria de Esteban Canal tuvo una de las primeras y más significativas pausas de su carrera.
Lejos de encadenar participaciones continuas en la élite mundial, sus apariciones se volvieron esporádicas. Sin embargo, esta pausa no se debió a una falta de entusiasmo por el ajedrez, sino a una imperiosa necesidad laboral.
Es precisamente en este punto donde la prensa de la época empezó a tejer el mito de sus supuestos estudios universitarios abandonados, alimentando ese apelativo de «doctor» que, como hemos analizado anteriormente, no era más que un título de cortesía.
El propio Canal dejó constancia de las durezas de esta etapa y de su espíritu indomable en una sentida carta personal enviada desde Cocquio, Italia, el 3 de marzo de 1976. Dirigida al Sr. Don Jorge Boinet Lince y rescatada por los archivos del historiador Edward Winter, la misiva con una mirada retrospectiva, revela la verdadera naturaleza de sus ausencias:
«Me he quedado excluido perennemente de toda manifestación mundial, sean olimpiadas, torneos zonales, etc. Me permitían no más de participar con ayuda de amigos en torneos ocasionales, como hago todavía ahora… Pocos sabían entonces que no he vivido siempre en Italia como creen los ajedrecistas, sino que he viajado por todo el mundo, como periodista, médico, acróbata, músico, revolucionario y hasta ajedrecista.»
Radicado temporalmente en Budapest, el peruano encontró en su pluma el salvavidas perfecto. Según certifican diarios croatas de aquellos años y sus propios registros biográficos, Canal se volcó de lleno en el periodismo, convirtiéndose rápidamente en colaborador muy solicitado por diversas revistas de España y América Latina.

Fue durante estos años donde forjó su reputación como un verdadero trotamundos políglota y un intelectual del tablero.
Esta faceta como articulista, que ya vislumbramos en sus años de formación en Leipzig, alcanzó su madurez definitiva en su residencia italiana.
No era una actividad secundaria; para Canal, la escritura era el espejo de su pensamiento humanista. A través de la prestigiosa revista milanesa Fenarete – Letture di varia umanità, el maestro no solo analizó jugadas, sino que se convirtió en un cronista de la cultura europea.
Documentos recuperados de los archivos de 1966 muestran a un Canal profundamente integrado en la gestión editorial de esta publicación.
En cartas dirigidas a entidades turísticas y hoteleras en España, el maestro actuaba como un puente cultural, proponiendo cuadernos especiales dedicados a regiones como la Isla de Tenerife.
Esta labor administrativa y literaria era la que realmente sostenía su vida mientras el mundo del ajedrez se preguntaba por sus largos silencios competitivos.
Pero el genio no podía mantenerse alejado de las 64 casillas para siempre. El año 1929, marcaría su regreso a los torneos de la élite del ajedrez mundial.
Carlsbad 1929: El regreso a la élite

En 1929, el nombre de Esteban Canal volvió a aparecer en la lista de invitados de uno de los torneos más prestigiosos del mundo. La cita era en Carlsbad (hoy Karlovy Vary, en la República Checa).
Del 31 de julio al 26 de agosto, el balneario alemán de entonces se convirtió en el escenario de una auténtica maratón ajedrecística.
Bajo un formato extenuante, hoy casi impensable en la alta competición, el torneo reunió a la crema y nata del periodo de entreguerras en una prueba de resistencia tanto física como mental.
Allí, Canal se midió frente a frente con figuras de la talla del ex campeón mundial José Raúl Capablanca, Aaron Nimzowitsch, Rudolf Spielmann, Savielly Tartakower, Efim Bogoljubov y Max Euwe.
Era el momento de demostrar que, a pesar de sus silencios competitivos, su talento seguía intacto.
Sin embargo, el ajedrez de élite no perdona. Su prolongado alejamiento de las competiciones oficiales le pasó factura frente a rivales que se mantenían en constante actividad.
En un torneo agotador de 21 rondas —una cifra que evidencia la dureza del calendario de la época—, el maestro peruano finalizó a mitad de tabla, compartiendo el 10.º y 11.º puesto con una cosecha de 10.5 puntos.
A pesar de no alcanzar los puestos de vanguardia, Canal dejó claro que seguía siendo un rival sumamente peligroso.
Entre sus resultados más notables destacaron sus sólidos empates ante Capablanca y Nimzowitsch (quien a la postre ganaría el torneo), además de un brillante triunfo ante el maestro suizo Paul Johner; una partida magistral que demostró que su visión romántica y táctica del juego seguía más viva que nunca.

El desliz de Capablanca y la lealtad de un amigo
El torneo de Carlsbad 1929 no solo dejó partidas memorables, sino también una de las anécdotas extraoficiales más famosas de la historia del ajedrez, en la cual Esteban Canal jugó un papel protagónico fuera del tablero.

Durante el certamen, en la posición que refleja el diagrama, el genial ex campeón mundial José Raúl Capablanca cometió uno de los peores errores de su carrera frente a Friedrich Sämisch, perdiendo una pieza en apenas nueve jugadas tras 9…Aa6?? 10.Da4 Ab7 11.d5.
Durante décadas, el motivo de esta inusual desconcentración fue un misterio, hasta que el propio Canal reveló los detalles. Además de ser un gigante del tablero, el cubano tenía una personalidad encantadora y gozaba de gran popularidad entre las mujeres, un aspecto de su vida personal que contribuyó al desgaste de su primer matrimonio con Gloria Simoni Betancourt.
Existen un par de versiones sobre lo ocurrido aquel día. En 1958, Canal escribiría en L’Italia Scacchistica que fue la propia esposa de Capablanca quien llegó de sorpresa al hotel desencadenando el caos. Sin embargo, otra versión muy difundida fue la que Canal le relató de viva voz al maestro español Román Torán, publicada en la revista Ocho x Ocho (abril 1995).
Dejemos que, a través de ese relato, el propio Esteban Canal nos cuente el incidente:
«Paseaba por la sala esperando la jugada de mi adversario cuando, súbitamente, vi entrar a la acompañante de Capablanca de los últimos meses. Ajeno a su llegada, Capablanca conversaba con una joven en una salita del casino escenario del torneo.
Quise evitar un incidente y me di buena prisa en advertir a Capablanca. Con su rapidez de reflejos me dijo: “Siéntate ahí”, de forma que la señorita quedase entre los dos y no se pudiera saber quién le acompañaba. Pero esta maniobra no convenció a la recién llegada, que armó un buen escándalo.
Capablanca se reincorporó a la partida y cometió un grave error que le costó una pieza. Normalmente, hubiera abandonado, pero quería que se calmase el enfado de su acompañante, por lo que continuó jugando y, ante el asombro general, a punto estuvo de salvarse.»
Este tragicómico episodio no solo humaniza a los grandes genios, sino que confirma la profunda confianza y camaradería que existía entre el ajedrecista peruano y el entonces ex campeón del mundo.
El nacimiento del «Club Vera Menchik»

Un apunte histórico ineludible de Carlsbad 1929 fue la participación de la primera campeona mundial femenina, la anglo-rusa Vera Menchik.
Su presencia fue recibida con cierto escepticismo y comentarios burlones por varios competidores, ya que muchos no la consideraban una rival a la altura de tan exigente certamen.
El maestro Hans Kmoch llegó a declarar ante los demás participantes que se uniría a una compañía de ballet femenino si Menchik lograba sumar más de tres puntos.
En ese mismo contexto surgió la célebre ocurrencia del austriaco Albert Becker: la propuesta, en tono de burla, de fundar el «Club Vera Menchik», cuyos miembros serían todos aquellos varones que perdieran contra la campeona del mundo.
Paradojas del destino, Kmoch tuvo suerte: Menchik sumó exactamente tres puntos en la tabla final, por lo que la compañía de ballet se libró de sus servicios.
Albert Becker, en cambio, se convirtió en el primer socio fundador de su propio club tras ser ampliamente superado por ella en la tercera ronda, seguido más adelante por Friedrich Sämisch.
Esteban Canal enfrentó a Menchik justo en la última y decisiva ronda del certamen, conduciendo las piezas negras.
Con una sólida victoria, el maestro peruano no solo aseguró su puntuación en la tabla final, sino que evitó con éxito su ingreso al temido club, despidiéndose del balneario con un triunfo.
A continuación les compartimos esa partida con los comentarios de Esteban Canal.
